Lucha

Lucha

Tamayo, tenía un Lada Campero, decidió pasar todas las mañanas a una finca, comprar cubetas de huevos hasta llenar el carro, salir al pueblo y empezar a ofrecerlos. Tras una decisión que creyó que sería para suplir unas necesidades de su hijo, William hizo de este negocio, uno muy rentable. Sin embargo, la pasión por sus estudios y su vocación por ayudar a la comunidad lo llevaron a enfocarse por completo en su carrera, pues, cómo le dijo su madre, “él no había estudiado derecho para quedarse vendiendo huevos”. Después de eso, William tomó una decisión y su vida da un gira de 180°. Vendió su carro y dejó a un lado el negocio de los huevos para buscar trabajo en lo que estaba estudiando. Luego de un tiempo logró encontrar trabajo en un ‘pull de abogados’, su primer trabajo oficial. Aunque su labor era desgastante, patinador o dependiente judicial, William trabajó incansablemente hasta lograr tener un mejor puesto.

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